22.1.24

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Acerca de este artículo

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·         Cuidado de la prenda: Lavado máximo 40°C, proceso normal, no usar secadora, no usar lejía. Lavar a mano o a máquina y colgar para secar al aire.

 

 

La evolución posterior del debate

La respuesta socialista a la crítica burguesa se dio durante los años 30 en un doble plano. En el campo práctico de la edificación de una economía no mercantil, por el formidable crecimiento de la economía soviética, que transformó en pocas décadas un país semifeudal devastado por las dos guerras mundiales (la primera de ellas seguida de una guerra civil con invasión imperialista) en la segunda potencia industrial del planeta y liderando la carrera espacial en los años 50. En el plano teórico, por las propuestas de Taylor en 1929 y Lange en 1938 (Lange y Taylor 1971) acerca de la posibilidad de que una agencia de planificación simulase el balanceo del mercado (a la manera del «tatonnement» o subastador walrasiano), lo que haría innecesario conocer los «precios» de los bienes intermedios; en efecto, por medio de un procedimiento iterativo, de prueba y error, y tomando como punto de partida el sistema de precios de mercado heredado del capitalismo4, se evitaría tener que resolver el complejo sistema de ecuaciones que aproximase a los precios de equilibrio, expresión de los costes medios de producción. Como veremos en el siguiente apartado, el tipo de respuesta de Taylor-Lange estuvo inevitablemente marcada por la imposibilidad técnica que existía en esos momentos para realizar un exhaustivo cálculo directo, en tiempo de trabajo, del coste de los bienes y servicios.

En cualquier caso, esta respuesta socialista motivó un repliegue de la crítica burguesa tal y como inicialmente fue formulada por Mises. A partir de ese momento se llega a reconocer más o menos explícitamente la viabilidad económica del socialismo pero se le atribuye una eficiencia muy inferior al capitalismo debido a los supuestos problemas de información y conocimiento para el cálculo económico que serían inherentes a una economía sin mercado. Hayek y la escuela austriaca (Hayek 1997) señalarán que el fallo en el planteamiento de Lange y de quienes, como la economía neoclásica, reconocen una similitud formal entre los dos sistemas, sería que no se puede tomar la información como dada para poner en marcha el procedimiento iterativo porque, según suponen, la información relevante para el cálculo económico es subjetiva, de tipo práctico, basada en el conocimiento tácito (que incluiría las destrezas y experiencias personales) y, en consecuencia, no articulable ni transmisible por otros medios que no sean los del mercado. Por lo tanto, los autores austriacos consideran que una economía socialista no podría asignar los recursos a los diferentes usos de forma tan eficiente como la capitalista debido a la imposibilidad de que la agencia de planificación pudiese disponer de tanta información como proporciona el sistema de precios (a lo que se añadiría el problema de los incentivos). Concluyen así que los partidarios del socialismo (y también quienes reconocen la similitud formal entre los dos sistemas) no son conscientes de la verdadera naturaleza del problema del cálculo económico, que es un problema en esencia de información.

El presupuesto analítico de la teoría subjetiva del valor en que se basa la crítica austriaca al socialismo es el llamado individualismo metodológico, que pretende explicar los procesos sociales y la propia estructura social capitalista como un producto de acciones individuales agregadas. Esta es la premisa desde donde se deduce que el tipo de conocimiento e información claves para el cálculo económico es de carácter subjetivo. Pero pretender explicar los procesos sociales a partir de la agregación de comportamientos individuales constituye, como resulta obvio, una forma de razonamiento puramente circular, ya que significa reconocer la existencia de comportamientos individuales previos a todo contexto social (más allá del natural instinto de supervivencia humano). El caso es que esta forma de razonar naturaliza el orden social capitalista y, por tanto, la forma de desenvolverse en él, que los austriacos denominan «función empresarial» y equiparan sin más a la «acción humana», la cual consistiría en la búsqueda de oportunidades de negocio para sobrevivir. Por ejemplo, para Huerta de Soto, uno de los autores austríacos destacados en la actualidad:

«la función empresarial consiste en la capacidad típicamente humana para darse cuenta de cuáles son las oportunidades de ganancia que existen en el entorno. (…) En efecto, todo acto empresarial crea y genera nueva información de naturaleza táctica, dispersa, práctica y subjetiva, y hace que los actores implicados en el mismo tiendan a ajustar o disciplinar su comportamiento en función de las necesidades y circunstancias de los demás, creando de esta manera, espontánea e inconsciente, los vínculos que hacen posible la vida en sociedad» (Huerta de Soto 2011: 26).

Así, se concibe la conducta maximizadora del beneficio típica del capitalismo como un rasgo de la naturaleza humana y no como la expresión de una particular estructura social, que exige para sobrevivir en ella «descubrir y apreciar las oportunidades»5. Pero se trata, como decimos, de un razonamiento tautológico que describe la «conducta humana» a partir de las características que ella adopta en un marco mercantil –esto es, de la interacción humana basada en el intercambio–, y de ahí infiere, circularmente, que ese es el tipo de conducta y conocimiento relevantes para el cálculo económico «en general», considerado de un modo ahistórico. Y efectivamente, por definición, sobrevivir en el mercado exige a cada agente (sea trabajador o empresa) generar y procesar individualmente –esto es, de forma «subjetiva»– un determinado tipo de información que tiene que ver con aprovechar ganancias y reducir pérdidas. Sin embargo, nada de ello tiene relación alguna con la actividad económica en general, destinada a asegurar la subsistencia humana, sino solo con la forma en que funcionan las cosas en un marco mercantil competitivo, donde nadie tiene asegurada la supervivencia y todo el mundo debe plegarse para lograr la racionalidad mercantil.

Toda la argumentación austriaca se reduce a señalar que el mercado es la única forma posible de cálculo económico… en el mercado (esto es, en una estructura productiva atomizada). Este razonamiento puramente circular no demuestra nada acerca del cálculo económico en general, pues solo describe algunas de sus características en el capitalismo. Es como si viviendo ya en una economía socialista dijésemos que la estimación de costes directamente en cantidades de trabajo (sin dinero) es la única forma posible de cálculo económico en general. La producción atomizada de bienes y servicios (o si se prefiere: la propiedad privada sobre los medios de producción) representa solo una forma particular de generar y procesar la información para la coordinación económica general.

En la tesis austriaca de la imposibilidad del cálculo socialista se confunde la dimensión técnica que tiene toda actividad productiva global (expresada en la matriz de relaciones intersectoriales y coeficientes técnicos de producción), con su forma de organización social, que es la capitalista (la que se articula por medio del intercambio general). Pero en toda forma de producción social el cálculo tiene siempre una dimensión estrictamente técnica, referida a la evaluación de costes, y otra puramente social, referida al tipo de mecanismo económico por medio del cual esa estimación se realiza. Los precios son solo la forma en que se expresan espontáneamente (esto es, de manera indirecta o no consciente) los costes laborales medios en un marco mercantil. Los austriacos aseguran que la determinación de los precios –o, si se prefiere, la valoración de los bienes y servicios– no puede realizarse «artificialmente» por la autoridad central, porque se trataría de magnitudes subjetivas. Esta apreciación se basa en la confusión típica de la teoría subjetiva del valor, pues los precios en el capitalismo, cuando hay competencia por el lado de la oferta, fluctúan en torno al valor, que es una magnitud objetiva determinada por los costes medios de producción. Y esos costes medios sí pueden determinarse directamente de forma exhaustiva en una economía socializada, como a continuación veremos, gracias a la capacidad informática actual.

 

20.1.24

La sangre del padre -- Amazon

La sangre del padre: Finalista Premio Planeta 2023 (Autores Españoles e Iberoamericanos) Tapa dura – 8 noviembre 2023

de Alfonso Goizueta (Autor)

4,0 4,0 de 5 estrellas    373 valoraciones

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La sangre del padre, Finalista del Premio Planeta 2023, es una novela épica y colosal sobre el hombre que quiso salvar a los pueblos de la tiranía en aras de la libertad.

 

Conquistó el imperio más poderoso del mundo,

pero la guerra más violenta la libró contra sí mismo.

 

Tras el asesinato de su padre, Alejandro asciende al trono de Macedonia. Acaba de heredar no solo el título, sino también el deber de salir victorioso en la misión que le reclama su pueblo: arrebatar a los persas las tierras que una vez fueron griegas y devolverles la libertad.

Sin embargo, no puede detenerse ahí; la sangre de reyes, de héroes, de dioses que corre por sus venas lo obliga a llevar a cabo una empresa mucho más ambiciosa. Quiere conquistar Babilonia, Persépolis y todas las ciudades en su camino hacia el este, hasta vencer al último rey aqueménida, el temible Darío, y acabar con el Imperio persa para siempre.

Sabe que es su destino. Solo él puede lograrlo, solo él puede conquistar el mundo; solo él es Alejandro Magno.


Detalles del producto

Editorial ‏ : ‎ Editorial Planeta (8 noviembre 2023)

Idioma ‏ : ‎ Español

Tapa dura ‏ : ‎ 608 páginas

ISBN-10 ‏ : ‎ 840828018X

ISBN-13 ‏ : ‎ 978-8408280187

Peso del producto ‏ : ‎ 822 g

Dimensiones ‏ : ‎ 15 x 4 x 23 cm

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